jueves, 3 de julio de 2008




Se despidieron al llegar el tren
después de una tarde llena de caricias y labios.

Ella llegó a la inmensa ciudad
se sentía como una pequeña hormiga
rodeada de cien mil desconocidos escarabajos.

Miraba el suelo
pero a la vez sentía que cien mil miradas
se cruzaban en su silueta.
(pero ella era incapaz de alzar sus ojos)

y llegó él.


ella corrió a sus brazos
(había pasado mucho tiempo
desde la última vez.)

él la tendió su mano y la abrazó fuerte.
(era raro)

él muy pocas veces la había abrazado así
de esa forma
era como si su cabeza le dijera negro y su corazón blanco.

Ella no lo pensó demasiado
sólo podía concentrarse en su olor
tantas noches recordado sobre su cama..

y sus miradas se cruzaron de nuevo

apenas hablaron
(era como si el tiempo
les hubiese arrebatado las palabras.)

Los que si hablaron
fueron sus cuerpos desnudos
(entrelazados)
formando uno solo.

Dibujaron cada escondite de su piel con sus manos
sus lenguas compartían saliva
mientras recordaban el sabor de sus besos

ella le mordía su labio inferior
mientras fundían en miradas cómplices
de temor y placer.

Ella se entregó a él como cada noche
Él (como cada noche) la hizo sentir viva.
Pero cuando llegó aquel tren
ella le dijo adiós
sin imaginar que era para siempre.

4 comentarios:

isabel dijo...

yo también muerdo labios

y tú, además, muerdes corazones

los parasiempres a veces no son tan parasiempre, porque nunca se sabe...pero a veces es mejor que sí lo sean


un beso, pequeña
tecuido desde lejos, que lo sepas

Marcus dijo...

parsiempre paranunca

existen los 2 a partes iguales.

remua

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

hermoso!

Marcus dijo...

se te ha olvidado como se actualiza el blog???

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Mayte Barrera

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RETRATO DE PUNTILLAS

Soy una cometa en el aire que nunca llega a rozar el suelo.
Vivo del aire de cada suspiro.
Tengo las palmas de las manos
repletas de ilusiones que se me van cayendo
cuando consigo hacerlas realidad.
Sonrío si me dicen que me quieren
y no puedo evitar reírme antes de que me hagan cosquillas.
Mi punto débil son mis ojos
(son unos maleducados y no consigo que paren de hablar).
Camino sin la seguridad de una meta
y mi equilibrio es el desequilibrio de mis playeras.
Las líneas rectas las hicieron para saltarlas de lado a lado
y las circunferencias son para bailarlas con la cintura.
Me gusta mucho el rojo,
pero deshojé tantas margaritas que ahora sólo me quedan collares amarillos
y los pétalos de rosa se me escapan entre los dedos.
Algo fundamental en mi vida cotidiana son las risas de después de cenar
(para terminar bien el día más que nada).
No me considero una mala persona por no ayudar a las abuelitas a cruzar la calle
pero tampoco una buena por muchos motivos que prefiero no señalar
sólo sé que no me sale actuar con maldad, y recuerdo que Cruella de Ville me caía muy mal.
Por cierto, si quieres hacerme feliz, sólo tienes que invitarme a desayunar.