miércoles, 14 de octubre de 2009

INCONTABLES MOMENTOS EN 160 PALABRAS








18 hilos colgaban de su vestido

24 arrugas le hacían una cara preciosa

30 eran los motivos por los que me dijo que me quería

pero no tuvo ni 2 besos

porque yo tenía 31 motivos para decirle que le odiaba

le odiaba porque a mí no me hace falta que me enumeren motivos para querer.

Las 34 dudas, fueron dudadas un minuto antes de empezar a creer.

Hoy veo más de 60 corazones latiendo

y más de 100 latidos latiendo al compás.

Después de parpadear 50 parpadeos

caí rendida en sus brazos.

Ya no queda hueco en mi blanca pared

para pegar cada foto de los más de mil momentos felices

que guardo en mis dos pupilas.

Sí, aún sigo haciendo fotos borrosas

para imaginar, cuando las observo,

qué estaría pasando

en aquél instante de la foto.

Ayer perdí la cuenta de las despedidas

y creo que hoy voy por el abrazo 6570

mañana comenzaré a contar de cero.









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Mayte Barrera

Mi foto

RETRATO DE PUNTILLAS

Soy una cometa en el aire que nunca llega a rozar el suelo.
Vivo del aire de cada suspiro.
Tengo las palmas de las manos
repletas de ilusiones que se me van cayendo
cuando consigo hacerlas realidad.
Sonrío si me dicen que me quieren
y no puedo evitar reírme antes de que me hagan cosquillas.
Mi punto débil son mis ojos
(son unos maleducados y no consigo que paren de hablar).
Camino sin la seguridad de una meta
y mi equilibrio es el desequilibrio de mis playeras.
Las líneas rectas las hicieron para saltarlas de lado a lado
y las circunferencias son para bailarlas con la cintura.
Me gusta mucho el rojo,
pero deshojé tantas margaritas que ahora sólo me quedan collares amarillos
y los pétalos de rosa se me escapan entre los dedos.
Algo fundamental en mi vida cotidiana son las risas de después de cenar
(para terminar bien el día más que nada).
No me considero una mala persona por no ayudar a las abuelitas a cruzar la calle
pero tampoco una buena por muchos motivos que prefiero no señalar
sólo sé que no me sale actuar con maldad, y recuerdo que Cruella de Ville me caía muy mal.
Por cierto, si quieres hacerme feliz, sólo tienes que invitarme a desayunar.