martes, 9 de marzo de 2010


Susurrar al oído es una caricia.
Acariciar es quitarse la ropa.
La ropa siempre sobra cuando estamos solos.
Estamos solos es una especie de universo cerrado.
Cerrado como el cuarto que nos vigila noche tras noche.
Noche tras noche, no hay nada como anochecer a tu lado.
Anochecer a tu lado es perderle el miedo a la oscuridad.
La oscuridad desaparece si tú me miras.
Tú me miras y yo dejo de sentirme pequeña.
Sentirse pequeña no es lo mismo que ser pequeña
Ser pequeña es creer en la magia
La magia no es ningún truco, sino todo lo contrario.
Lo contrario del amor no es el desamor.
Desamor es un apalabra muy fea que siempre procuro tener lejos.
Lejos no es estar en otro continente, sino tener a alguien al lado y ni siquiera querer tocarle.
Querer tocarle la oreja con la punta de la lengua es un susurro húmedo
Susurro húmedo que quiero desnudar.

3 comentarios:

i (latina) dijo...

tienes razón en eso de que susurrar al oído es una caricia. felices vinos tintos, linda.

eLy dijo...

mayyy!!!muy bonita me encnta como escribes...:) te quiero!

Northern lights. dijo...

es precioso.

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Mayte Barrera

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RETRATO DE PUNTILLAS

Soy una cometa en el aire que nunca llega a rozar el suelo.
Vivo del aire de cada suspiro.
Tengo las palmas de las manos
repletas de ilusiones que se me van cayendo
cuando consigo hacerlas realidad.
Sonrío si me dicen que me quieren
y no puedo evitar reírme antes de que me hagan cosquillas.
Mi punto débil son mis ojos
(son unos maleducados y no consigo que paren de hablar).
Camino sin la seguridad de una meta
y mi equilibrio es el desequilibrio de mis playeras.
Las líneas rectas las hicieron para saltarlas de lado a lado
y las circunferencias son para bailarlas con la cintura.
Me gusta mucho el rojo,
pero deshojé tantas margaritas que ahora sólo me quedan collares amarillos
y los pétalos de rosa se me escapan entre los dedos.
Algo fundamental en mi vida cotidiana son las risas de después de cenar
(para terminar bien el día más que nada).
No me considero una mala persona por no ayudar a las abuelitas a cruzar la calle
pero tampoco una buena por muchos motivos que prefiero no señalar
sólo sé que no me sale actuar con maldad, y recuerdo que Cruella de Ville me caía muy mal.
Por cierto, si quieres hacerme feliz, sólo tienes que invitarme a desayunar.