martes, 7 de septiembre de 2010

Libertad




Libertad es escribir en un papel azul
olvidando los horarios
y mirando las palomas alzar el vuelo
mientras dos voces te hacen cosquillas en el oído
y las gotas que salpican en la fuente
te acarician los sentidos.

Libertad son dos abuelas emocionadas a mi lado
que besan agradecidas a la chica de la guitarra
que les regala su sonrisa.

Libertad es disfrutar de un lugar desconocido
bajo unos pies que dominan mis latidos
haciendo de esta plaza un paraíso
sin relojes,
ni autobuses,
ni prejuicios.

Libertad es sentarse en una roca
y que te bailen los pies.

Libertad es cerrar los ojos
y ver el mar.

Libertad es poder decir
lo que me apetece
cuando me apetece
y donde me apetece.

Libertad es verte dormir
a mi lado,
tumbado en un banco de piedra caliza
mientras el sol se esconde
tras la Alhambra rojiza
de Granada.

Libertad es esto:
tú y yo
libres
en un mundo de compromisos
y frases hechas
disfrutando a cada paso
de caminar de la mano
sin miedo a un adiós o un hasta luego
sabiendo que al final del empedrado
habrá un campo enorme
que recogerá nuestros abrazos
y consistirá en lanzar los dados
y confiar al azar
nuestro próximo beso.



...

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Mayte Barrera

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RETRATO DE PUNTILLAS

Soy una cometa en el aire que nunca llega a rozar el suelo.
Vivo del aire de cada suspiro.
Tengo las palmas de las manos
repletas de ilusiones que se me van cayendo
cuando consigo hacerlas realidad.
Sonrío si me dicen que me quieren
y no puedo evitar reírme antes de que me hagan cosquillas.
Mi punto débil son mis ojos
(son unos maleducados y no consigo que paren de hablar).
Camino sin la seguridad de una meta
y mi equilibrio es el desequilibrio de mis playeras.
Las líneas rectas las hicieron para saltarlas de lado a lado
y las circunferencias son para bailarlas con la cintura.
Me gusta mucho el rojo,
pero deshojé tantas margaritas que ahora sólo me quedan collares amarillos
y los pétalos de rosa se me escapan entre los dedos.
Algo fundamental en mi vida cotidiana son las risas de después de cenar
(para terminar bien el día más que nada).
No me considero una mala persona por no ayudar a las abuelitas a cruzar la calle
pero tampoco una buena por muchos motivos que prefiero no señalar
sólo sé que no me sale actuar con maldad, y recuerdo que Cruella de Ville me caía muy mal.
Por cierto, si quieres hacerme feliz, sólo tienes que invitarme a desayunar.